Norma Bessouet, quien reside alternativamente en Nueva York y Buenos Aires, presentó su última muestra en Boston en abril de 2009, titulada Visiones. Visiones que atraviesan en gran medida el sentido de toda su obra; que afloran desde rincones silenciosos del recuerdo, de los sueños. Reminiscencias y vivencias que se conectan con su percepción del mundo y de la propia historia del arte, con la que la artista dialoga permanentemente.

El secreto de la existencia, los otros mundos posibles, el paraíso perdido y la inocencia, todo contenido en aquel primer instante del andar humano todavía incontaminado pero acechado por la propia pulsión, que es la curiosidad de Alicia traspasando espejos, que es el aventurarse en el vasto mundo, el abrirse al latente misterio de la sexualidad son como napas que pueblan la obra de Bessouet.

En estado de tensión contenida, su pintura se presenta dicotómica: lo humano y lo animal, lo marcadamente neoclásico y lo estructuradamente onírico, la imagen de la mujer adolescente y la inquietante presencia del varón-niño mediador; la feminidad -sugerida por la forma de los bosques- y la virilidad, presente en la figura de los animales. Polaridades que se atraen y que conforman el mensaje de una poesía altamente codificada, poesía sin palabras y sin nombres, poesía que golpea el pensamiento.

Todo en su pintura está en silencio. Todo está latente, anticipando el suceder de las cosas en un equilibrio inestable de instantes detenidos en algo que fue, que será, que podría ser. Como en Matia’s Visions. La teatralidad del gesto del niño que remite al de El entierro del Conde de Orgaz, los cortinados que se abren con magnificencia para develar un escenario que Matías señala con el dedo, apuntando a un virginal cuerpo yacente, en espera del momento de la ofrenda. Momento iniciático en donde todo es equilibrio y pulsión, armonía y espera. Lo terrenal y lo celestial, como en el célebre lienzo de El Greco.

Los dos polos, presentes en la percepción de su pintura, también se tensan en sus grabados y dibujos. Estos últimos, con una sensualidad vital que despierta sentidos adormecidos, como el potente tríptico Fragmentos para Dominar el Silencio, donde el desasosiego de la escena, del encuadre, del refinamiento del trazo nos pone frente a instantes sin contexto, despojados de contaminación mundana. Apuntan a la trascendencia, a lo inmanente.

Norma Bessouet es una artista exquisita en sus procedimientos pictóricos. Se ha dicho que su obra remite en gran medida al realismo mágico latinoamericano. Ciertamente, pero uno puede encontrar los ecos de toda la historia del arte atravesados por un tamiz absolutamente personal que habla del ser universal. Convengamos, entonces, que la obra de Norma Bessouet “es el relato del viaje de un alma”, según la perfecta síntesis que Guillermo Roux encontró precisamente en el texto de presentación de sus Visiones, allá en Boston, en 2009. Una travesía del alma que deshoja pétalos de significado, que encontrarán en el espectador sus propias respuestas.

Alberto Giudici, curador

 

Imágenes de la inauguración