Por Ana María Battistozzi

Formado como arquitecto, Gustavo Bonevardi encarna con especial sutileza el frecuente cruce que enlaza desde tiempos inmemoriales las prácticas de la arquitectura y el arte. En la arquitectura, su trabajo internacionalmente conocido y reconocido por “Tribute in light” (Tributo de luz), que realizó en colaboración con su socio, John Bennett, para el Ground Zero, es sin duda una de las respuestas más sensibles e impactantes que se generaron tras el atentado a las Torres Gemelas.

Diseñado para demarcar con haces de luz el vacío que dejó la caída de la torres en el perfil de Nueva York, la obra se enciende cada 11 de septiembre y funciona como una gran instalación lumínica a escala urbana. Fundamentalmente concebida como una intervención destinada a subrayar la ausencia, es a la vez un acto de resistencia y una aparición fugaz que en parte ha contribuido poéticamente a la catarsis de los conmocionados habitantes de la ciudad. Podría decirse que de algún modo la arrolladora experiencia de ese día, que dio lugar a esta obra monumental de leve materialidad, está también contenida en las pequeñas piezas –ya no arquitectónicas– que Bonevardi presenta en la serie de trabajos que ha reunido para la Fundación Alon.

Seguir leyendo