Por Julia Villaro

Es a través de la superficie que Adriana Fiterman consigue la profundidad: apenas entramos en la galería Van Riel (Juncal 790), donde puede verse la muestra hasta mañana, nos encontramos con “Ida y vuelta”, una pintura en la que tres personajes se encuentran en la situación de ir o volver de sus trabajos en el vagón del tren. No es el gris absorto de las figuras lo que logra esa atmósfera de desolación, sino el estallido de color que los circunda y hasta los invade: el exceso de estímulo externo, que los personajes no registran. Todas las figuras de estas obras son grises, y el color se concentraría en los fondos, si el planteo espacial de Fiterman lo permitiera.

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