Por Ana Martínez Quijano

La Fundación Alon inauguró la semana pasada la exhibición «El Matadero», una serie inédita de 170 fotografías tomadas a principios de la década del 60 por Sameer Makarius (1924-2009). Se trata de un ensayo sobre la faena del ganado, y la muestra coincide con la publicación de un libro que reproduce todas las imágenes, en riguroso blanco y negro.

Makarius, nacido en El Cairo, y radicado en la Argentina en 1953, le dedica al Matadero la mirada desprejuiciada del extranjero. En un sólo día realizó la totalidad de las tomas, registró un universo en una jornada de labor, sin acentuar los aspectos dramáticos. Aspectos, que, para un conocedor de la sangrienta historia argentina que gira alrededor de la carne, un producto con connotaciones simbólicas y generador de riqueza por excelencia, resultan insoslayables. De hecho, el libro se abre con el «El Matadero» de Esteban Echeverría (1840), un texto fundacional de nuestra literatura -junto con «Facundo» de Sarmiento- y un reflejo de la violencia de un país que se desangraba en la lucha entre unitarios y federales.

La visión de Makarius, un genuino vanguardista que inició su carrera a instancias del conocido fotógrafo suizo Werner Bischof, difiere de la mirada romántica de Echeverría y también de las imágenes de aquellos pintores viajeros del siglo XIX, perturbados pero a la vez seducidos por este territorio asolado por la «barbarie». Makarius, por el contrario, documenta con precisión los corrales vacíos, el arribo del ganado y el desfile hacia la muerte. La matanza y los ritos carniceros como cuerear, cortar y colgar de un gancho las reses, más que una faena atroz, se vislumbra en las imágenes como un trabajo duro, que requiere especial destreza.

En los escenarios oscuros se destacan los gorros y delantales blancos, aunque también está el brillo de la sangre encharcando los adoquines. Pero si bien bajo la lente realista del fotógrafo, la secuencia de esta labor resulta casi intolerable, los carniceros no están retratados como personajes macabros. El trabajo feroz en ese infierno que pinta Echeverría, suscita cierto respeto. Allí están ellos, colgando y manipulando con habilidad las enormes y pesadas reses, disponiendo las extensas hileras y, luego de un trabajo que se imagina febril, durante el merecido descanso, sentados frente a las reses, mostrando su gesto franco. La analogía entre el hombre y el animal que establece Echeverría se ha vuelto difusa.

Varias imágenes recuerdan por su motivo y tenebrismo, una pintura clave de la historia del arte, «El buey abierto en canal», también llamada «La res» de Rembrandt. Las fotografías de Makarius, al igual que la pintura del maestro holandés, exhiben con extrema crudeza un animal abierto al medio que induce a evocar ese unitario que llega al Matadero y es atado en cruz como un Cristo para ser vejado.

Karim, hijo de Makarius y editor del libro, cuenta que su padre, «fiel al su punto de vista de retratar las cosas tal cual son, tomó las fotos dentro del matadero sin flash ni luces adicionales», y agrega que así «muestra un mundo desconocido para la mayoría de las personas».

La serie culmina con unas fotografías que atestiguan la prosperidad de esta tierra, al mostrar las reses numeradas y colgadas en hilera, expuestas a la mirada de los compradores, mientras los camiones se aprestan a transportarlas.

El fotógrafo Facundo de Zuviría, autor de un texto del libro, describe la obra de Makarius y, observa: «Su estilo, documental y sensible, muestra una plena conciencia de la trascendencia de cada toma, del sentido profundo de percibir, comprender, captar, reproducir y mostrar, en un instante y con el simple clic de una cámara, esta ciudad de la que supo apropiarse con el recorte de su mirada».

Finalmente, Aldo Sessa relata la amistad que surgió entre ambos a partir del interés afín por las cámaras antiguas. El nuevo libro se suma a «Buenos Aires y su gente» (Fabril, 1960), «Buenos Aires mi ciudad» (Eudeba,1963), un texto que batió el récord con la venta de 60.000 ejemplares y que será reeditado, y «Retratos de Artistas», (Galería Vasari, 2007).

Entretanto, el coleccionista Fito Fiterman, presidente de la Fundación Alon, vuelve a exhibir «El Matadero». En el año 2006, la Fundación presentó un libro de edición numerada con el objetivo de rescatar los dibujos realizados para «El Matadero» por Carlos Alonso en la década del 60 (publicados en por Centro Editor), y sumarle las tintas de los años 70.